Desde que tengo uso de razón la tristeza ha estado siempre presente en mi vida, como un perfume algo dulce de un antiguo amante que se queda en la ropa no importa cuantas veces la laves.  Si miras atentamente te darás cuenta de ese brillo melancólico que se esconde en el vidrio de mis ojos. 

Las ilusiones alimentan la intensidad de ese aroma, fluctuando entre altas cúspides y profundos valles de decepción y realidad. Con un viento que silba canciones de sueños y delirios de un tiempo irreal. Pero al menos las nubes me protegen del sol abrasador que es la verdad, lo que ocurre entre las pestañas de unos orbes que reflejan luz de entre la oscuridad.

Pero entonces se puede escuchar a veces un eco, un eco de un sonido nunca producido, es un espejismo de algo llamado felicidad, a lo que me creo acercar, cuya fuente, pero es absurdo no está, la paradoja de creer conocer algo que nunca se ha visto, la paradoja de sentir emociones desconocidas.

Entonces ese día, ese día me susurraste para alejar un ratito las nubes, un suspiro de tus pensamientos que cantan melodías y cuentos en los que los dragones no son malos, las chicas corren desnudas por los bosques arropadas de flores, los chicos dejan que su piel se frote con las briznas más frescas, los árboles cobijan, los ríos abrazan y tu me acunas, me resguardas.

Pocos días me he sentido tan relajada, distante a mis preocupaciones, intrigada e ilusionada. No quedaba en mí un ápice de miedo, de duda, simplemente una sonrisa en mi cara y un reflejo hermoso en mis ojos, tú; tú emocionado, expectante ante mi reacción.

De camino a casa, salgo del metro y me encuentro un cielo incendiado, en el que se queman mis miedos, en el que crepitan nuestros besos. Me siento ligera, tan ligera que podría volar, tan suave como la mejilla de un niño, tan suave, tan feliz y convencida de que a pesar de todo, me alegré de estar viva, de haber  llegado hasta este instante preciso.

Recordé noche de llantos, tardes enteras dibujando con boli las venas de mis muñecas, jugando a que era alguien más, poniendo el anime muy alto para no escuchar los gritos, cantando canciones de oscuridad y perdición.

Me alegra haberte conocido, me alegra un poco ser yo, me alegra vivir. No es algo nada fácil de decir.

Rojo


Vas andando por la calle, todo parece normal, todo es como siempre, la misma apatía, el mismo vacío. Hasta que te paras a sentir tu propia respiración, te das cuenta a quién tienes a tu lado, te sorprendes ante lo que estás haciendo, te emocionas, te alegras inesperadamente, se te dibuja una sonrisa. Te invade por primera vez en meses un pensamiento descabellado, merece la pena vivir.

No se da cuenta, sigue andando y todo parece normal como siempre. Observas su nuca con recelo y piensas si realmente siente algo, si se acelerará su pulso, si también va por baldosas amarillas. Tomas su mano y refuerzas la idea de realidad, aprietas tu mejilla fuerte contra la suya y notas la aspereza, quizás seas capaz de lijar así un poco la superficie que os separa. Aprieta la mano, que no se vaya, que no te suelte y te pierdas en tus sueños, fantasías y expectativas. Desengáñate, besa la realidad​ y traga sus fluidos.

Tantas sensaciones y experiencias que se apelotonan en tu mente, llamando para ser reconocidas, porque sí, está pasando. Un baile de sonrisas por cada ilusión nacida, de un plan improvisado, de un plan casi escondido.

No creo en el destino, mas si en la dificultad de hallar el lugar al que perteneces. Tumbada en tu pequeño, recuerdo el vacío de no tenerte, de tratar de buscar una almohada en la que recostarme y encontrar esa paz con solo ser, con solo estar. Puede que para mí no haya sinos, ¿pero está tan mal tejer un hilo que me enrede contigo? De colores de casualidad, incertidumbre y esperanza, un vínculo para no perderme en el camino.

Siente el aire que llena tus pulmones, siente el éxtasis que llena tu ser, siente esa mano que llena la tuya, porque quizás y sólo quizás esto sea algo parecido a la felicidad.

No te miento


Cuando las palabras me hagan perder el sentido
atrapada en un mundo sin desconcierto
donde ya no sea el valor único el conocimiento

Cuando me hierva la sangre y se me hiele aliento
cayendo entre tus brazos queriendo atrapar el viento

Cuando consiga que mi cuerpo y mente sean tu mejor entretenimiento
volviéndose absurdo entre nosotros el concepto acercamiento
siendo yo flecha certera y tú mi fiel amiento

Cuando haga que florezcan flores en tus pestañas que llenes con lágrimas de sobrecogimiento
vacías de pecados a reprochar del pasado y absurdo futuro resentimiento
que de la duda y la inseguridad solo tengamos que anunciar su fallecimiento

Cuando entre nosotros cambiemos el sentido y definición de nuestro propio crecimiento
Cuando sea capaz de vomitar ante todo aquello que te pienso
Cuando se funda nuestra existencia en un relámpago en medio del desierto
Cuando eso ocurra, ojalá que sea cierto.

Próxima estación


Siempre que espero en el andén me invade una sensación extraña, una nausea. Coger el tren implica dolor, rechazo, miedo y huida. Ya sea de ida y vuelta siempre sé que me espera en la siguiente parada, no hay emoción, no hay sueño ni esperanza.

Atascada entre idas y venidas que no llevan a ninguna parte, en un bucle entre pasado y presente viciosos que entre ellos pelean por desgarrarme. Pasan los paisajes en mi ventana, pasan las lluvias, las tormentas y el sol pero nada cambia, ni quién vuelve ni quién va. Me atrapa el bullicio de mi alrededor en verano por aquellos que emocionados van a explorar nuevo ocio con su tiempo, quién vuelve a ver a un ser querido, quien se siente liberado. Cuando vuelvo me doy cuenta de que la presión a mi alrededor se cierne de vuelta a la realidad, sin posibilidad de cambiar ni un ápice quién soy, habiendo tirado mi libertad y tiempo.

Ansío coger un tren, un tren nuevo que me lleve a parajes desconocidos, a rincones de mi mente nunca explorados muy lejos de la rutina, a descubrir palabras que enamoren y sonidos que me embelesen. Algo nuevo, un cambio definitivo, una historia que contar, nunca antes escrita, nunca antes vivida; convertirme en un personaje que valga algo, que haga algo.

Me gustaría coger ese tren sola, acompañada, que nadie me espere, que haya unos brazos que me acojan. 

No quiero nunca más mirar a la ventana para abrir el portátil y encontrar en él una realidad mejor que la mía, ir siempre con una película que me ofrezca una historia que sustituya a la mía.

El día que no estés ahí

A veces me siento un monstruo porque en el fondo de mí asumo que te has ido, que un día me levantaré y no vas a estar. Sé que en el momento no lloraré, no querré hacerlo, sólo querré olvidar.

Desde el momento que te conocí supe que nos íbamos a llevar bien, tu aura de chica anime y pelo interminable me cautivaron, recuerdo que lo primero que pensé al conocerte es en lo guapa y delicada que eras, como una muñeca de porcelana. Lo que más tarde averiguaría es que esa fragilidad iba mucho más allá del aspecto físico.

La depresión y el suicidio son palabras que sin querer se han tatuado en tu piel, siempre presentes es imposible mirarte sin no verlas. Las pastillas se apilan, pero ya han saturado tus lágrimas, no hay más. Las promesas de un futuro mejor se han perdido y quien creíste era tu amigo parece hoy tu peor enemigo.

Has perdido sueños, ilusiones, con la dura realidad en la que ese traje blanco igual nunca llegará, en que el recorrido de laberintos para encontrarte se volvió demasiado complicado, hasta los amigos que se supone lo guardaban han salido espantados.

Mas no quiero perderte, eres mi amiga, mi pequeña compañera de locuras niponas, la que no me juzga aunque me pierda sola, la que respeta que tenga amigos "especiales" y no novios "espaciales", la que susurra a los felinos de un modo por los humanos desconocido.

Me da miedo, me da miedo un día levantarme y que ya no estés. Mirar a la cajita de texto vacía en la que la última conexión sea de verdad la definitiva.

Sé que tienes miedo, a vivir, a morir y sufrir, pero intenta un ratito entender que no todo es feliz a veces simplemente es la alegría de poder decidir si queremos un decimal más de pi.
He soñado con los ninjas que nos asaltaron, con la poesía servida en susurro de tetera y me di cuenta de que nosotros siempre hemos ido a escondidas.

Como una caricia accidental que espera ansiosa algo más, llama al toque de tu piel y se va corriendo. Se esconde, esperando que la busques.

Y es que todo cambia entre tus brazos, un mundo a parte que sólo ellos conocen, una faceta de mí que sólo ellos desnudan, desvistiendo gemidos y sonrisas.

Por eso sigues inspirando susurros de una poesía secreta que nace de tu calor, un susurro que como brisa es capaz de robar cariño a un sincorazón.

08/II/2017


Esa sensación cuando estás helado, la clase de frío que te quema. Entonces abrazas a alguien y sientes una cálida sensación que te envuelves con la fiereza de un gran sol que abrasa cada poro de tu piel, te derrite y te permite pasar de la rigidez más absoluta del hielo a poder fluir con libertad.

Entonces fluyes y te cuelas en todos los recovecos que creías no podías alcanzar, entonces te das cuenta de que ahora sí puedes ser lluvia, puedes calar.